fontis en el Parque

por Pablo L. Nicolini

Pocos lugares en Córdoba despiertan en mí la fascinación que esos arroyitos en las alturas evocan en cada visita. No es por la pesca exclusivamente ya que, más allá de resultados cuantitativos, los peces no suelen ser de gran tamaño, si no por la rústica belleza de ese lugar tan extremo de nuestra hermosa provincia. El visitante que se atreva a desafiar los caminos puede disfrutar de una agreste muestra de la naturaleza, casi intocada, donde los animales se cruzan en nuestro camino sin miedo, desde enormes liebres hasta la altiva sombra de un cóndor, enseñoreándose de las alturas.


Es por eso que tres pescadores aventureros, decidimos salir, contra los pronósticos del clima, a visitar uno de los lugares más hermosos de nuestra provincia: Ezequiel Margara, Gustavo Escobar y quien les escribe decidimos recorrer una vez más el arroyo Paso de las Piedras, en el Parque Nacional Quebrada del Condorito. El amanecer nos encontró en plena trepada rumbo a las Altas Cumbres, las primeras luces del sol asomando tímidamente entre las nubes iluminaban la escasa vegetación que el viento azotaba impiadosamente. El día prometía ser difícil para los mosqueros ya que las ráfagas eran importantes y más aun cuando al llegar detectamos la presencia de varios pescadores, algunos mosqueros y también cuchareros que ya estaban pescando el primer tramo del río. 



Sin intimidarnos armamos los equipos a toda velocidad y en un abrir y cerrar salimos río abajo para tener al menos una chance de encontrar un sector del río intacto. Las cortaderas se agitaban violentamente ante las ráfagas, bastante gélidas para la temporada, mientras que el sol asomaba tímidamente entre las amenazadoras nubes grises. 



Al principio la pesca se presento un poco difícil, quizás por los escasos momentos que le dedicábamos a cada lance, o por los fuertes vientos que llegaban a levantar nuestras líneas del agua. Sin embargo y contra todas las dificultades no tardamos en lograr los primeros piques, las pequeñas truchas de arroyo tomaron ninfas de la más variada descripción con gran decisión, haciendo que la fría mañana se calentara con lo entretenido de la pesca.

El arroyo estaba bajo aunque algo mas limpio que en visitas anteriores, quizás producto de las lluvias que habían regado nuestra provincia con gran profusión algunos días antes. Por ese motivo había que buscar las orillas con sumo cuidado, tratando de arrimarse al agua con sigilo y minimizando la silueta.



Así agachados atacábamos cada pozo y cada corredera prometedora y aunque teníamos capturas, no era en la cantidad que el arroyito nos había regalado en otras pescas. Las fontis se movilizaban ante ninfas muy llamativas, preferentemente con patas de goma naranja, como la "orange cachu" de la foto o carrot flys de cuerpo metalizado que había atado específicamente para la ocasión. 


Los ejemplares eran todos de entre 20 y 25 cms, bien vigorosas y luchadoras. Las fontinalis tienen una característica que encuentro fascinante en su lucha y que la claridad del rio nos permitió visualizar perfectamente y es que cuando se sienten pinchadas, buscan restregar sus hocicos contra algún accidente del fondo, lo que en muchos casos les permite desprenderse del artificial.



Mientras mas grandes las moscas mas pequeñas las truchas, pero con el sol calentando un poco el agua, las truchitas empezaron a activarse. La acción fue aumentando lentamente hasta llegar a lo de otras temporadas.


Sólo era necesario lanzar contra la vegetación de la costa de enfrente y esperar que la deriva hiciera empezar a dragar la mosca, para que el pique se produjera indefectiblemente. Muchos piques se perdieron por falta de tensión en la línea mientras estaba derivando, tal era la abundancia de ejemplares en esa parte del río.

Si bien la reglamentación vigente permite el sacrificio de hasta 5 ejemplares por pescador, nosotros optamos por devolver todo lo que pescamos. Sin embargo debo reconocer que la reglamento es razonable si se tiene en cuenta que se puede detectar una sobrepoblación de truchitas y en algunos ejemplares vimos signos de enanismo (machos de 20 cms con el típico “pico” de ejemplares de mucho mayor tamaño)



La nota la dio Ezequiel que en el último pozo que pescamos obtuvo dos ejemplares muy buenos, el primero que superó los 35 cms y dio una magnifica pelea, para la alegría del Colorado y nuestra.


El parque es una joyita de nuestras sierras, el visitante atento puede maravillarse a cada paso con los hermosos paisajes y es responsabilidad nuestra cuidarlo para que las futuras generaciones puedan disfrutar de su belleza agreste. Por eso le rogamos a quienes lean estas líneas que no arrojen basura en la reserva y muy encarecidamente que tengan mucho cuidado con el fuego, lo que la naturaleza demora décadas en construir el hombre puede destruirlo en segundo, solo con una colilla.

Buena pesca