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por Pablo L. Nicolini
A los cordobeses nos identifican algunas características que nos señalan en cualquier lado: la tonada, el humor, el cuarteto, el fernet y si sos pescador de peje, las largas maratones arriba de una balsa. Cuestiones de seguridad limitaron estas embarcaciones a sólo 2 espejos pero únicamente en Los Molinos se utilizan ampliamente para practicar la pesca. Hacia
ese hermoso lago me dirigí, por invitación de un grupo de
pescadores coordinado por el amigo Jose Varela, con la esperanza de
hacer una pesca interesante, dados los antecedentes recientes con los
que contábamos. La primera impresión al llegar al punto
de reunión era que íbamos a comer (y tomar) porque
había más bultos de provisiones que cajas de pesca. Lo
otro que impactó mis sentidos fue el viento, bastante fuerte que
se apreciaba en el movimiento de las ramas de los árboles. Como
ya estaba todo arreglado nos subimos al colectivo de la
excursión y partimos. Hicimos la parada obligada para comprar
mojarras en la entrada de Alta Gracia y seguimos rumbo al lago. El primer pique no tardó en llegar y fue en mi caña armada con balancín (uno de los medianos, por el viento), en el anzuelo encarnado con camarón vivo. El peje estaba dentro de la medida pero como me pareció chico lo devolví. Al rato el pique se repitió pero cuando tome el pez con la mano se sacudió y volvió más que rápido al agua. Hice el intento de pescar con línea de vuelo pero pescar desde adentro de una balsa con una caña de 4 metros es bastante optimista, bordeando lo iluso, así que cerca del mediodía y con 2 galletas encima la desarme y continué con el balancín exclusivamente, no sin antes haber perdido un par de piques muy lindos pescando a unos 9 mts. Como la pesca al barro me estaba dando solo pejes chiquitos que andaban apenas por encima de los 20 cms, fui corriendo el tope de a 15 cms. Nomás llegar al 1 ½ tuve un lindo pique de un peje mediano, gordo y batallador que me arqueaba la varita surfish. Fue como si hubieran prendido algún switch de activación porque tuve varios piques seguiditos, todos de pejes medianos de hasta 28 cms. Pero la alegría me duro poco, las fuertes ráfagas de viento, sumadas a la impericia del balsero y a la mala calidad del ancla hicieron que nos soltáramos y para cuando el muchacho se levantó, ya nos habíamos movido cerca de 100 mts. Eso sumado a las maniobras de anclaje, que se repitieron 3 veces (el ancla no se fijaba y estuvimos algo más de 1 hora intentándolo) cortaron la promisoria pesca y nunca la recuperamos. Nos dedicamos a preparar el asado (otro motivo de disgusto con el balsero) e intentamos volver a pescar pero estábamos en otra zona y no fue lo mismo, los piques se volvieron más espaciados y los tamaños decrecieron, ya que tuvimos que volver a pescar al barro. Pero mientras tanto nos deleitamos con el rico asado, muy bien regado con vino, fernet o gaseosa. Los piques eran bastante dispersos así que comimos tranquilos, aunque continuamos la faena hasta las 17, hora en que el viento volvió a arreciar y nos sacó el ancla otra vez, por lo que decidimos dar por finalizada la pesca.Al rato volvieron las otras balsas y nos encontramos con que los resultados habian sido bastante parejos, prácticamente todos los pescadores habían obtenido entre 10 y 30 piezas y, aunque predominaban los ejemplares chicos, había buena cantidad de medianos, ninguno pasaba de los 28 cms sin embargo. En fin una pesca entretenida aunque mas que por el pique por las circunstancias y la gente con la que compartimos la jornada, aunque me queda una sensación de que el dique no está para visitarlo muy seguido, pero seguro que alguna sorpresa tiene que guardarnos.
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