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Por Pablo L. Nicolini Hace unos años, cuando trabajaba en el sector público, tenía un jefe que es dueño de un campo a orillas de un hermoso lago de Córdoba: Cerro Pelado. Un invierno, me invito a pasar un par de días en su casa para ver el rally que pasaba muy cerca, por el pintoresco pueblito de Amboy. Desde entonces tengo una fascinación por ese paraje de aguas transparentes, casi virgen y bastante inaccesible, alimentada por las historias de pescas legendarias efectuadas por mi exjefe y por algunos pescadores conocidos. Por eso, cuando mi amigo Pablo me extendió la invitación de Claudio Maschio, guía del Kapo Team, no dude demasiado en aceptar. ![]() Los preparativos incluyeron llevar equipos de flote, los
tradicionales chirimbolos cordobeses, algo más grandes de lo
habitual, balancines y líneas de vuelo. Además, como las
aguas del dique albergan una población de tarariras
excepcionales, llevaba un equipo de spinning mediano, y, como soy un
poco loco del spinning, llevaba otro equipo liviano para tentar a los
dientudos gigantes que ocultan las abisales honduras del espejo. La salida se pospuso por el pronóstico del clima
en varias oportunidades, hasta que finalmente los horarios de todos
coincidieron para un viernes. Salimos tempranito a buscar a Claudio y a
su amigo Daniel y en la camioneta de aquel partimos al dique. Tras la
parada obligada a buscar las mojarras, por Almafuerte y otra por
combustible, terminamos llegando al dique bastante avanzada la
mañana. Igualmente nos embarcamos rápidamente y pusimos
proa al centro del lago, pero como el viento era prácticamente
nulo, nos fuimos a la desembocadura del Río Grande. El
día estaba lento así que los primeros piques fueron de
dientudos, alpargatones muy peleadores que al venir desde tanta
profundidad luchaban hasta que el cambio de presión los
derrotaba. Casi al mediodía, empezaron a salir los primeros
pejes que me sorprendieron por su tamaño y mas cuando Claudio me
dijo: “son chicos”. Picaban exclusivamente en la
línea de flote, y fue la primera vez en mi carrera de pescador
que pude observar a un peje saltar. Hay algo en esas aguas
transparentes que les da a los pejerreyes un vigor inusitado y la
singular fortaleza se ve reflejada tanto en la denodada pelea, como en
los tamaños de los pejes que se capturan normalmente. En un
momento, Claudio tuvo un pique tan violento que se le cortó el
multifilamento con el que estaba cargado su rotativo, en palabras del
Bambi… belleza!
Los
tamaños eran parejitos, por arriba de los 35 cm, algo inferiores
a los normales para el dique, por lo que Claudio y Daniel propusieron
movernos hacia el centro del espejo, e intentar un garete aunque el
viento era muy suave.
La
estrategia tuvo un éxito relativo, porque si bien los
tamaños mejoraron sensiblemente, los piques se volvieron mas
espaciados. Por mi parte opté por hacer el garete con
línea de vuelo y fui el que primero levantó una captura
en esa deriva, con un dientudo muy lindo, que peleo con bravura hasta
que lo icé a la embarcación, donde acusó unos
excepcionales 29 cm!
Daniel no estaba
con mucha suerte, porque si bien su línea mostraba piques, los
perdía casi todos, lo que le valía las gastadas
constantes de su amigo. Y ni hablar de la actuación de mi tocayo
que ni un dientudo había podido conectar. El que nos estaba
pasando el trapo a todos era Claudio que casi no erraba ninguno. Como
no soplaba mas que una brisa muy suave y encima racheada, la deriva era
lentísima y el calor bastante bravo, pero igualmente logramos
una decena de capturas de muy buen porte, dando la nota un excelente
peje, que tomó con decisión el anzuelo inferior de mi
línea de vuelo.
El que finalmente salio de zapatero fue Pablito con un buen peje que pico en su voladora, momentos antes de decretar el fin de la deriva. En realidad lo más llamativo de la hora fue el enjambre que paso a unos 10 mts por encima de nuestras cabezas, zumbando furiosa y hasta amenazadoramente. Dada la
transparencia del agua hay que pescar a una muy buena distancia de la
embarcación, al menos 50 mt, lo que implica que hay que usar
boyas voluminosas y muy visibles. En las de vuelo es especialmente
importante, generalmente se sustituyen las boyas cortas por plumas,
bien largas para facilitar la detección del pique. Fueron
especialmente útiles para mí las líneas que me
preparó Don
Carlos de la casa El Pejerrey de Córdoba Capital.
Cuando
la jornada tocaba su fin, más que nada por la distancia que nos
separaba de nuestras casas, decidimos intentar una aventura costera con
las tarariras. Arme mi caña y probé tentarlas con una
giratoria plateada con pintas rojas, y después de unos lances
noté que unas sombras seguían el artificial hasta unos 2
o 3 metros de la orilla. Sombras que no podía identificar hasta
que decidí intentar con una cucharita más chica de paleta
larga, que uso para tentar a los dientudos con gran éxito en
otros ámbitos. La respuesta no fue inmediata porque los peces la
seguían pero sin tomarla, hasta que empecé a recoger a
mayor velocidad y la magia estallo en el agua. El pique fue furibundo y
por un momento tuve conectado a mi línea una encarnación
de la fuerza de la naturaleza. Lamentablemente se liberó pero la
sorpresa no abandonaba mi rostro, era un pejerrey!
Sin
dudar me volví al bote para buscar el otro equipo, más
acorde con la pesca que había que encarar: caña de 4 a 10
lbs y micro reel con multi de 12 lbs. El cambio me permitió
intentar la pesca con más posibilidades porque la gran
transparencia del agua hizo que los pejes, después de los
primeros piques, se trasladaran hacia el centro de la bahía. Con
esa caña podía lanzar los pequeños artificiales
mucho mas lejos y por ende tuve mas piques al final.
Sin embargo la primera captura la tuvo Claudio, quien, después de que le informe entre susurros que los peces eran flechas, armó una caña y con una cucharita n° 1 arrimó un lindo peje, si bien era algo mas pequeño que los que habíamos capturados hasta el momento. La acción se volvió frenética, porque aunque no se conectaban todos, hubo bastantes piques en la media hora que intentamos y los peces luchaban como endemoniados al sentirse pinchados. El pejerrey que se captura con esta modalidad muestra un pique sorprendentemente violento, al estilo del dientudo pero con una mayor vitalidad y una velocidad endemoniada en la corrida. La experiencia fue tan impactante que transformo una jornada regular en excelente. A veces uno tiene en su trayectoria como pescador, anhelos que encuentra difíciles de satisfacer y pescar pejerreyes con artificiales era para mi uno de ellos. Lo único que lamento es no haber cargado la caña de mosca, tal como había pensado hacer al levantarme. Para el pescador que quiera intentarlo, recuerde que la
boca protractil del pejerrey se desgarra con facilidad, no lo presione
demasiado y podrá lograr lo que me eludió en esta salida! Me
quedo la sensación de que si el clima nos hubiera
acompañado, la salida hubiera sido superlativa, puesto que el
calor y la falta de viento conspiraron contra el éxito completo
de nuestra excursión, a pesar de los denodados esfuerzos de
Claudio y Daniel por hacernos hacer una buena pesca (realmente
destacable la onda que le pusieron los muchachos) Igualmente fue una
expedición alucinante que estoy dispuesto a repetir apenas sea
posible, en busca de los matungos del Cerro.
Servicios para el pescador Guía Kapo Team de Claudio Maschio TE 03547/497120 Cel,
03547/572627 Carnadas: en Almafuerte Kico TE 03571419790 Líneas:
El Pejerrey Colón 3650 TE 0351-155588887
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