ESQUINA VALE LA PENA…
Por : Matias Capdevila
Un día antes de salir a pescar, por la noche llegamos a la ciudad de Esquina en la provincia de Corrientes, más precisamente a las instalaciones de Matute Pesca ubicadas en la costa del río Corrientes, mis tíos Pepe, Horacio, mi hermano Franco y quien suscribe. La cena estaba lista así que entre comida, y charlas con los dueños de este emprendimiento, la familia Cupayolo, oriunda de Trenque Lauquen que desde hace un par de años se radicó en este pesquero correntino, el sueño nos venció y nos fuimos a dormir para salir al otro día a las 7 de la mañana con rumbo norte (río arriba) en una de las modernas y cómodas embarcaciones (trucker de 6,30 de eslora con motor Suzuki 4T de 140 HP y motor eléctrico Minnkota).Nuestro guía sería Guillermo el menor de los dos hermanos integrantes de la familia.
El pesquero
Esquina es famosa por sus interminables laberintos de riachos y lagunas que forman un enorme delta entre los ríos Corrientes y Paraná, dando lugar a muchísimos lugares para la pesca de especies como el dorado, surubí, boga, pacú y toda la variada típica de la cuenca del Paraná.
El agua, ya lo sabíamos de antemano, se encontraba, y se encuentra todavía; turbia debido a los sedimentos de ríos como el Pilcomayo y también debido a que el río Iguazú no aporta el agua clara que limpia todo este delta favoreciendo a los dorados que cazan a “presa vista” y a los pescadores que los engañan con señuelos y moscas.
Día uno
Frente a este panorama la pesca sería netamente con carnada viva (cascarudo y morena).Comenzamos a probar suerte con los surubíes obteniendo cachorros chicos de un promedio de 3 kilos, siempre pescando a la deriva con plomos de 20 gramos. Cabe destacar la proliferación de surubíes de este tamaño que hay no sólo en Esquina sino a lo largo del río Paraná. Luego fuimos directamente a los dorados que se encuentran en correderas a aproximadamente 1hora 20 minutos de navegación de la hostería.


Los piques no se hicieron esperar con doradillos que muchas veces mordisqueaban la carnada hasta tomarla con firmeza, siempre pescándolos sin plomo y dejando llevar llevar la carnada (cascarudo) a lo largo de las correderas hasta tener el pique.

Al mediodía “hicimos un alto” en una isla bajo los sauces ya que el sol era “asesino”, almorzamos un par de surubicitos fritos, descansamos y de vuelta al agua para seguir sacando doradillos de no más de 3,5 kilos de las correderas de este hermoso lugar. A la tarde a última hora estábamos navegando de regreso para cenar y dormir.
Día dos
Había llovido toda la noche y, por suerte el día se presento nublado y con una lluvia intermitente q nos apagó la insolación del día anterior. Nuevamente pusimos proa hacia el norte y a los pocos minutos comenzamos a intentar sin suerte, con dados de sábalo, la pesca de bogas; hasta que nuestro genio no pudo más y nos dedicamos otra vez a los dorados que parecían más activos que el día anterior.

Todos teníamos piques en esas correderas infestadas de dorados que saltaban al paso de la lancha, y varios de los que saltaban eran bichos de más de 8 kilos! Entre doraditos que subíamos y liberábamos, otros que soltaban el anzuelo en el aire y otros que buscaban el carrizal para escaparse; pude lograr un hermoso ejemplar de 7 kilos aproximadamente que por supuesto fue liberado.

Ya cerca del mediodía tuve un pique que parecía de los buenos; en la caña sentía la firmeza del pez que vencía el freno del reel haciéndolo liberar multifilamento, hasta que dio el primer salto haciéndonos saber que era de los grandes, respiré hondo para relajarme pero obviamente sin aflojar la tensión de la línea, pasaron 30 segundos más y dio el segundo salto aún más imponente; para mi desgracia esa fue la última vez que lo vi ya que el multifilamento Shimano no aguantó quizás el roce de los dientes del pez…Era grande de verdad dijo el guía, tranquilamente podía llegar a los 12 kilos…Y son esas cosas de la pesca y momentos de la vida que no se te borran nunca más, y que hacen que todo pescador se enamore más de la pesca deportiva.

Almorzamos arriba de la embarcación, ya que el cielo nublado era una bendición de los dioses, y al mismo tiempo teníamos las cañas pescando en los lugares claves así que entre bocado y bocado eran piques y piques donde obtuve uno de 4 kilos. Luego cambiamos de lugar para seguir con más doraditos hermosos por demás entretenidos de sacar.
Por la tarde y de regreso a la casa, intentamos anclados en pozones, encarnando con morena, la pesca otra vez del surubí, Horacio pudo obtener uno mientras Franco y Pepe lograron un pico de pato cada uno, de lindo tamaño por cierto. Yo por mi parte logré des pues de largo rato de guerrear, una raya de 20 kilos aproximadamente.
Finalmente regresamos a la posada para cenar y sacar conclusiones ya que a pesar de que las condiciones del río no son las mejores por la bajante y la turbidez, obtuvimos más de 30 dorados y 8 surubíes sin contar los que se fueron…Obviamente nos quedamos con ganas de más, porque Esquina vale la pena…
Párrafo aparte:
Es lo
que se merece la familia Cupayolo
(www.matutepesca.com.ar) por la atención y la entera
disposición que tienen
para con los pescadores, ya que nada queda librado al azar, desde la
carnadas,
las embarcaciones, las comodísimas habitaciones, la comida
casera, el hielo y
los cubiertos para almorzar en la isla, y la manera en la que los
guías buscan
las mejores opciones de pesca, todo está pensado sólo
para que el pescador se
quede con ganas de volver y por
supuesto nosotros no fuimos la excepción.

MATÍAS CAPDEVILA .